
Nadie les abre la puerta pero ellos entran iguaal. Los miedos se instalan en nuestra vida y nos tiñen los ojos de desconfianza. Nos da miedo el enemigo... y que finalmente nos gane la partida. Nos da miedo el amigo... y que finalmente no sea todo lo bueno y noble que creemos.
Hay muchos miedos: al peligro, a lo diferente, a lo desconocido, a la soledad, al futuro... Pero todos se funden en uno solo, el más grande: el temor a no ser queridos. Tener miedo en un punto es saludable, porque te protege y te mantiene alerta. Pero hasta ahí. Si el susto te paraliza... mala señal.
Sólo podemos comprender el miedo una vez que lo hemos superado. Esta tarea, a veces lleva años y necesita de ayuda. Todos tenemos temores, y el que dice que no, miente... o es un chapita al cual no le importa nada de nada.
Por favor no dejes que el miedo te domine, escucha solamente a tu voz interior, esa que se revela cuando te quedas callado, que estalla cuando te guardas los besos, que llora de rabia cuando bajas la cabeza, vos sabes lo que realmente queres, no te detengas y hacelo...










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